Bueno, volvemos a escribir algo... En un update previo, yo dije que mi ideología política en general estaba marcada por un libro, o cuento de Jack London: La Fuerza de los Fuertes. Y ahora me explico mejor (eparavó, Jugus, eparavó!). Si no querés leerlo, acá va un resumen del relato:
En un pasado primitivo (o un futuro post-apocalíptico, ideal para leer después de "La Peste Escarlata" como hice yo en aquél libro de Página/12), un abuelo les cuenta a sus tres nietos una historia acerca de su juventud y cómo el grupo de homínidos (los come-peces) en el que vivía se trasladaba de la caverna al árbol, donde una tribu rival (los come-carne) los atacan y matan a varios de ellos. A partir de allí ellos se reúnen en un consejo y forman la tribu, uniéndose todos para rechazar a los come-carne. Pero a medida que la tribu se va haciendo grande, necesitan leyes y un jefe. Luego viene un tiempo de prosperidad, donde la tribu aumenta en número y todos son felices. Pero ciertos integrantes de la tribu empiezan a apoderarse de los recursos naturales (tierra, peces, cabras) o a crear nuevas formas de enriquecerse sin trabajar ("religión", dinero, alcohol). Así de a poco, la tribu se va resquebrajando a medida que unos pocos tienen mucho y la gran mayoría trabaja por lo mínimo para comer o a veces menos. Luego de sofocar ciertos intentos de rebelión, las autoridades de la tribu se iban haciendo más fuertes a costa del sufrimiento de los demás. Pero todo se termina cuando los come-carne vuelven y aprovechando la debilidad de la tribu, atacan y destruyen todo, sin dejar casi sobreviventes, salvo el viejo que relata esta historia.
Uf, terminé... Por lo que yo entendí, tiene ciertos puntos en común con la historia europea (el feudalismo con la etapa de los árboles, el consejo con las primeras leyes, etcétera). Parece ser una parábola anti-capitalista, más sabiendo del socialismo de London y del final esperanzado del cuento. Pero hoy por hoy, viendo el fracaso del comunismo, yo llego a la conclusión que ningún sistema político (o ideología) va a ser sustentable si promete acabar con la pobreza y el hambre. Todas esas buenas intenciones se estrellan contra el carácter humano, porque donde haya egoísmo, codicia y falta de escrúpulos, siempre va a haber alguien dispuesto a cualquier cosa por un pedazo más grande de torta. Y donde eso pase, van a volver a haber guerras, muerte, enfermedades y hambre.
O sea, nihilismo puro,
Fleder.-
En un pasado primitivo (o un futuro post-apocalíptico, ideal para leer después de "La Peste Escarlata" como hice yo en aquél libro de Página/12), un abuelo les cuenta a sus tres nietos una historia acerca de su juventud y cómo el grupo de homínidos (los come-peces) en el que vivía se trasladaba de la caverna al árbol, donde una tribu rival (los come-carne) los atacan y matan a varios de ellos. A partir de allí ellos se reúnen en un consejo y forman la tribu, uniéndose todos para rechazar a los come-carne. Pero a medida que la tribu se va haciendo grande, necesitan leyes y un jefe. Luego viene un tiempo de prosperidad, donde la tribu aumenta en número y todos son felices. Pero ciertos integrantes de la tribu empiezan a apoderarse de los recursos naturales (tierra, peces, cabras) o a crear nuevas formas de enriquecerse sin trabajar ("religión", dinero, alcohol). Así de a poco, la tribu se va resquebrajando a medida que unos pocos tienen mucho y la gran mayoría trabaja por lo mínimo para comer o a veces menos. Luego de sofocar ciertos intentos de rebelión, las autoridades de la tribu se iban haciendo más fuertes a costa del sufrimiento de los demás. Pero todo se termina cuando los come-carne vuelven y aprovechando la debilidad de la tribu, atacan y destruyen todo, sin dejar casi sobreviventes, salvo el viejo que relata esta historia.
Uf, terminé... Por lo que yo entendí, tiene ciertos puntos en común con la historia europea (el feudalismo con la etapa de los árboles, el consejo con las primeras leyes, etcétera). Parece ser una parábola anti-capitalista, más sabiendo del socialismo de London y del final esperanzado del cuento. Pero hoy por hoy, viendo el fracaso del comunismo, yo llego a la conclusión que ningún sistema político (o ideología) va a ser sustentable si promete acabar con la pobreza y el hambre. Todas esas buenas intenciones se estrellan contra el carácter humano, porque donde haya egoísmo, codicia y falta de escrúpulos, siempre va a haber alguien dispuesto a cualquier cosa por un pedazo más grande de torta. Y donde eso pase, van a volver a haber guerras, muerte, enfermedades y hambre.
O sea, nihilismo puro,
Fleder.-
